
Aunque la mayoría de las veces los "graffitti tipográfico" molestan más que ayudan a la composición visual, esta vez el rojo de sus letras acompañan con elegancia y gallardía el blanco de la puerta y el azul del mar y nubes.
Muchos, de la generación que estudiamos bachiller en los 60, aún despertamos, de vez en cuando, sobresaltados, escuchando la tenebrosa voz de mando del profesor de gimnasia: ¡Salta!