
Todos los años, coincidiendo con el aniversario de la II República, suben al cementerio del Sucu, y en silencio recuerdan a sus seres queridos que, junto a sus compañeros, descansan en una fosa común.
Al fondo se oyen los acordes del Himno de Riego interpretado por los largos y huesudos dedos de un viejo republicano acordeonista.